Almacenar documentos en papel y archivos físicos ya es una práctica obsoleta —aunque aún común— y presenta varias desventajas frente al entorno digital. Mantener archivos físicos implica altos costos por espacio, mobiliario y suministros (papel, carpetas), además de dificultar la organización y búsqueda de información. Asimismo, los documentos en papel están expuestos a riesgos de seguridad, pudiendo extraviarse, ser robados o dañarse por factores como el paso del tiempo, humedad, inundaciones o incendios.
En contraste, la digitalización y su almacenamiento de documentos en la nube ofrecen mayor seguridad y facilitan el acceso a la información: los documentos se pueden encontrar en segundos desde cualquier lugar, con un solo clic.
En esta guía exploraremos los beneficios concretos de migrar del almacenamiento físico tradicional al almacenamiento digital en la nube: reducción de costos operativos, mejora en la gobernanza de datos, acceso remoto seguro con mayor productividad y refuerzo del cumplimiento de normas como la Ley de Protección de la Persona frente al Tratamiento de sus Datos Personales (Ley n.º 8968, de Costa Rica, de 2011), junto con su reglamento (Decreto Ejecutivo n.º 37554‑JP de 2012)
Reducción de costos operativos
La migración al almacenamiento digital genera un ahorro significativo para las empresas. Al convertir documentos físicos en archivos digitales se eliminan o reducen drásticamente los gastos en papel, impresiones, copiadoras, carpetas y otros materiales de archivo.
Además, se reduce inmediatamente la necesidad de espacios físicos para depósitos o archivos muertos, liberando áreas en oficinas antes ocupadas por armarios y cajas, y disminuyendo gastos en alquiler o mantenimiento de espacios externos.
Por ejemplo, estudios de la consultora KPMG han demostrado que proyectos de automatización y digitalización documental pueden reducir hasta un 70 % los costos relacionados con la gestión de documentos.
Estos beneficios provienen no solo del ahorro en insumos y espacio, sino también de la optimización del tiempo: procesos manuales y tareas repetitivas se automatizan, reduciendo horas dedicadas a búsquedas o verificación de documentos. En resumen, el almacenamiento digital disminuye los costos operativos mientras hace los flujos de trabajo más eficientes y ágiles.
Adoptar una estrategia digital para la gestión documental mejora la gobernanza de datos dentro de la organización. En entornos puramente físicos, la información suele perderse entre pilas de papeles o archivos desorganizados; non es raro que gestores lleguen a perder un mes entero por año buscando datos mal archivados, y el personal puede dedicar hasta un 50 % de su tiempo solo en buscar documentos extraviados o en lugares incorrectos.
Con la digitalización, este escenario cambia por completo. Las soluciones de gestión documental permiten asignar metadatos e índices a los documentos digitales, facilitando su clasificación, organización y ubicación instantánea mediante búsquedas avanzadas.
Esta organización estructurada promueve una mejor gobernanza de datos, ya que las decisiones se basan en información confiable, actualizada y disponible al instante. La automatización también permite implementar reglas de retención y eliminación documentales de forma coherente, asegurando que nada se conserve más allá del tiempo legal necesario y reduciendo la acumulación de información obsoleta. En resumen, el almacenamiento digital impone orden donde antes había caos, aumentando la transparencia y el control sobre los datos corporativos.
Uno de los mayores beneficios del almacenamiento digital es el fortalecimiento de la seguridad de la información. A diferencia de los archivos físicos —susceptibles a accesos no autorizados— los documentos digitales pueden protegerse mediante múltiples capas de seguridad, como cifrado, autenticación de usuarios, permisos granulares y registros de auditoría de accesos.
Esto significa que, incluso en caso de ciberataques, los datos permanecen ilegibles para quien no tenga credenciales adecuadas. En la nube, los proveedores confiables implementan medidas robustas contra malware y realizan monitoreo constante, ofreciendo un nivel de protección difícilmente alcanzable en entornos físicos tradicionales.
Además, la disponibilidad y recuperación de datos se incrementa: los documentos digitalizados pueden replicarse mediante respaldos automáticos y almacenarse en varios datacenters geográficamente distribuidos. Así, en caso de incidentes como fallos de hardware, desastres naturales o ataques de ransomware, los archivos pueden restaurarse rápidamente desde copias en la nube. Un documento en papel, en cambio, puede perderse definitivamente en un incendio o inundación. La digitalización también evita la degradación del papel con el tiempo, asegurando la integridad permanente de la información almacenada.
En el modelo tradicional, acceder a un documento importante requería presencia física —en la oficina o archivo muerto— lo cual atrasaba decisiones e impedía el trabajo remoto. Con el almacenamiento digital en la nube, esta limitación desaparece: cualquier colaborador autorizado puede acceder y compartir documentos desde cualquier lugar y en cualquier momento, con conexión a internet.
Esto elimina barreras físicas y logísticas, convirtiendo el trabajo remoto no solo en una posibilidad, sino en algo altamente productivo y seguro. Por ejemplo, durante desplazamientos o trabajo de campo, los empleados pueden acceder instantáneamente a la información necesaria en sus dispositivos, sin depender de terceros para localizar y enviar documentos manualmente.
Este acceso distribuido se realiza de forma segura: las plataformas en la nube permiten configurar autenticación en dos pasos, controles de identidad y restricciones por ubicación o dispositivo, asegurando que solo usuarios autorizados accedan a archivos confidenciales. El resultado directo de esta disponibilidad inmediata es un aumento significativo en la productividad de los equipos.
La gobernanza digital de documentos también refuerza el cumplimiento normativo con medidas de protección de datos personales establecidas por leyes como la costarricense Ley n.º 8968 y el Reglamento Decreto Ejecutivo n.º 37554‑JP de 2012.
Estas normas exigen que las organizaciones traten los datos personales con seguridad, transparencia y solo por el tiempo necesario. Las herramientas de almacenamiento digital ayudan a cumplir estos requisitos de varias maneras. Primero, garantizan la protección de los datos a través de medidas técnicas que evitan accesos no autorizados y fugas de información —alineándose con el principio legal de seguridad de la información.
Segundo, permiten gestionar con precisión el ciclo de vida de documentos que contienen datos personales de clientes o colaboradores. Las políticas automatizadas pueden eliminar o archivar datos luego del período legal de retención, en cumplimiento con la Ley 8968, que exige conservar los datos personales solo por el tiempo estrictamente necesario.
En entornos físicos, este control temporal es propenso a fallos: documentos olvidados pueden conservarse más allá de lo permitido, exponiendo a la empresa a sanciones. Asimismo, con documentos digitales bien indexados, es mucho más fácil responder a solicitudes de titulares de datos (como acceso o eliminación) dentro de los plazos legales —evitando multas por incumplimiento— además de mantener auditorías y evidencia de cumplimiento.
En un mundo cada vez más orientado a datos y trabajo distribuido, invertir en almacenamiento digital de documentos deja de ser solo una elección tecnológica y se convierte en un imperativo de negocio. Las empresas que adoptan esta transformación se posicionan por delante en eficiencia, protección de la información y capacidad de respuesta ante demandas del mercado y la legislación.
Por lo tanto, si tu objetivo es reducir costos mientras fortaleces la seguridad de la información, el camino está claro: apuesta por la digitalización y el almacenamiento en la nube, y cosecha los beneficios de una gestión documental moderna, confiable y altamente eficaz.
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